miércoles, 2 de diciembre de 2009

DÍA VI

Amarga habitación,
sombras y desazón
provocan a la soledad
vestirse de rendición
un muro de ansiedad
me impide ser más yo
soñando que volverás
mi mente se pudrió.
Amarga habitación
Reincidentes


Tengo la extraña sensación, un presentimiento, casi la certeza de encontrarme en la peor de las situaciones, ¿es así?
Heme aquí en la soledad de tu recuerdo.
Heme aquí ridículamente esperando lo inesperado.
Heme aquí sintiendo que el futuro posee algo de solidez.

Soy o quiero ser, pero no logro acercarme ni siquiera de lejos a lo que pienso. Entonces lo que me queda es lo sentido, no lo pensado, lo único totalmente mío en esta mi odisea que lleva tu nombre. Pero no soy ni remotamente parecido a Ulises que persigue su Ítaca querida. Yo te persigo a ti en este sentir que es de payaso sombrío y sin talento.
Soy aquel que es el espectáculo penoso por hacer de loco persiguiendo la nada y creyendo ver lo invisible.

La estupidez me embarga y quedo perplejo ante mi obstinación de bufón, pero no tengo a quien divertir Amor.
¿Qué haré si no puedo hablarte y escuchar tu voz?
¿Qué haré si ahora soy marchito al no ser escuchado por ti?
El sentimiento que tengo es el peor de todos.
No es sentir que te he perdido.
No es sentir que me hundo en tu falta.
No es sentir que ya no estás.
El sentimiento es vergüenza por prolongar este dolor cuando ignoro todo. Lo ridículo de llevar a cabo lo único que me queda de ti, pero sin ti.

Esta extraña sensación se vuelve cada vez más familiar en el miedo de su permanencia Amor.
En esta sensación me he convertido en la caricatura de tu permanencia en mí, sobre todo cuando hace tiempo que ya no estás. Sobre todo cuando ya no sé si eres tú o no.

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